13. ago., 2017

4. "uNa pArEJa PErfecTa"

Tenía la paranoica sensación que ella estaba allí, a su espalda, que nunca se había ido del todo.

A pesar de haber hecho lo imposible para mandarla a los infiernos, a veces se despertaba en plena noche, empapado en sudor, y miraba a su derecha donde ella había dormido los últimos 25 años.

A veces..., durante el día, notaba el insano aliento en su oido y sus manos sudorosas  oprimiendo su garganta hasta el punto de llegar a entrecortar la entrada de aire en sus pulmones.

Fueron muchos los intentos, al principio con torpeza, nunca había matado a nadie y le costó aplicar el método adecuado. Ella terminaba en el hospital en urgencias, incluso una vez en la UVI pero siempre volvía, nunca llegaba al sótano, donde se ubicaba la morgue.

Una y otra vez buscaba en Google “como matar a una persona” pero era una búsqueda que ya le había complicado la vida, más todavía. Fue llamado a declarar, revisado su apartamento y requisado su ordenador en busca de “pruebas”. Fueron muchas las veces que tuvo que declarar esos “accidentes domésticos” que la llevaban una y otra vez al hospital. Pero ella, siempre regresaba.

Así que decidió pasar  las tardes en la biblioteca releyendo los clásicos de las novelas detectivescas, sin mucho interés, pues no encontraba lo que necesitaba. Hasta que dio con una simple mezcla de ideas y por fin, ahora sí, por fin había dado resultado y esa bruja yacía en el fondo del lago, estaba seguro que jamás la encontrarían ni podrían relacionarle con su desaparición.

Su método de ensayo-error había sido un éxito… Le hubiera gustado verla tumbada en la camilla de acero cubierta con una sábana, pero bueno, no podía ser perfecto.

A medida que pasaban los meses, la sensación de su presencia seguía siendo cada vez más insoportable y la llamada que jamás pensó que llegaría, se produjo. Habían encontrado un cadáver y por su implicación familiar tenía que identificarlo…

Allí estaba en la camilla de acero, la sábana cubriendo el cuerpo que un joven con bata, guantes y mascarilla, retiraba terriblemente despacio, prolongando esa placentera agonía.

- Fue en el lago ¿verdad? Pero, no veo rastro de agua.

Preguntó intentando parecer angustiado, preocupado, dolido…

- No, ha sido muerte por estrangulamiento y en su propia cama, verá que aún están marcados los dedos en el cuello de la víctima

Dijo el ayudante forense. 

La marmórea visión de su propio rostro se mostró con toda crudeza una vez apartada la sabana, reconoció su pijama de rayas al tiempo que aterrorizado, se llevaba las manos al cuello y en sus oidos resonaba la cantinela diaria.

{Maldito gusano, no sirves para nada, eres un inútil, jamás te podrás deshacer de mi, jamás, antes te vas tu a la mierda ¿me oyes?}”