5. mar., 2018

EL PERRO SIEMPRE AL MISMO LADO

Leí hace tiempo unos consejos poco adecuados en un medio de comunicación municipal respecto del paseo con correa de los perros en la vía pública trayendo viejos conceptos como que el propietario "ha de decidir en que lado ha de pasear el perro y siempre ha de ir en el mismo lado".
 
Al respecto transcribo la reflexión que aporté al pie de dicha información:

"La soledad e ir atado son dos aspectos totalmente antinaturales en un perro por tanto es adecuado que los accesorios para el paseo y quedarse solo en casa cuando es necesario se aprendan poco a poco y libres de miedo. Han de ser cómodos, al igual que nuestro cuello, el de los perros es una parte de su anatomía que alberga delicadas e importantes estructuras.
 
No basta con colocar el arnés o collar y correa a nuestro perro, muchos perros sobre todo perros adoptados quizá nunca han visto estos objetos o peor aún, han tenido en el pasado malas experiencias con ellos (caso de perros laceados o corregidos por métodos tradicionales o poco éticos como collares de ahorque, eléctricos, etc) y pueden producirles rechazo por asociación de miedo y/o dolor.

Cuando obligamos a nuestro perro a caminar siempre al mismo lado tenemos mucha probabilidad de enfrentarle a situaciones para las que no está preparado y favorecer un conflicto en la vía pública. Los cruces frontales entre perros no son de buena educación perruna, los perros se saludan haciendo pequeñas curvas que cuando les obligamos a ir con correas cortas y tensas aumentan la probabilidad de conflictos entre perros y entre perros y personas. Evitar los cruces frontales o utilizar el mobiliario urbano a modo de pantalla visual entre perros que no se gustan demasiado es una muy buena opción.
 
A veces nuestro perro cambiará de un lado a otro y si somos buenos observadores entenderemos que no corresponde a un capricho ni una cabezonería del perro: hay algo que le interesa al otro lado, hay algo que le asusta y nuestro cuerpo le sirve como barrera para “pasar el mal rato. Una correa larga permite al perro llevar su propio ritmo y conocer las cosas como él lo necesita. Cada perro es un individuo, como tal tiene sus necesidades y estado emocional que puede variar según se encuentre o sea modificado por el entorno.
 
Lo lógico es permitir que nuestro perro disfrute de un paseo de calidad más que de cantidad permitiendo que pueda hacer las cosas que como perro tiene que hacer: olisquear, satisfacer sus necesidades fisiológicas, relación social con otros perros y personas, conocer el mundo que le rodea. Una correa larga no “flexi” permite a la persona acortar y retener cuando es necesario, sin tirones.
 
¡Al otro extremo de la correa va un ser vivo!

La gran mayoría de situaciones conflictivas entre perros y personas en la calle se debe a una mala interpretación y desconocimiento del lenguaje canino de nuestro perro o del perro de los otros, y la mayoría de las veces por una intervención inadecuada de los propietarios.
Hagamos el esfuerzo de usar el sentido común y la empatía cuando interpretamos los comportamientos de nuestros perros y los perros de los demás"